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Terra
La Coctelera

Un pequeño apunte

Acabo de leer este artículo:
http://www.elpais.com/articulo/madrid/Saber/beber/elpepuespmad/20051231elpmad_11/Tes
Esto representa lo contrario de lo que defendemos en este blog: frases como Porque el problema siempre es el excesome ponen los pelos de punta. Hay que acabar con este periodismo irresponsable que predica la responsabilidad como un valor positivo, así como con toda injerencia en nuestro derecho a destrozar nuestra salud como nos venga en gana sin sentirnos mal por ello. Al fin y al cabo, la vida es muy larga.
Dicho queda. Mañana, hablaremos de bares

De lo asqueroso de los escrúpulos

En Madrid, para cuando no abunda el dinero (algo que a mí me pasa a menudo, a pesar de la herencia que recibí hace poco de mi padre, que nunca me vio en persona... supongo que por eso me dio su dinero para que lo dilapidase sin piedad) es bueno conocer algunos bares donde, por una caña y gratuitamente, te den abundantes dosis de comida. Algunos son bastante conocidos, y de todos hablaremos en algún momento.
Hoy voy a hablar de El Boñar de León, un lugar para hambrientos y poco escrupulosos. Leyendo esto, alguien con prejuicios (¿y quién no?), pensaría: "hambrientos y poco escrupulosos=vagabundos). Pues también los hay que entran con una bolsa del Día (que han robado, por supuesto, porque cuestan dinero) y se la llevan llena de "comida", por llamarla así.

(Esta foto no tiene que ver con nada, a no ser que el lector piense que se apela a su capacidad para percibir la intertextualidad y las más sutiles sugerencias literarias)

Me explico: El Boñar es un bar y un restaurante: como restaurante ignoro sus calidades culinarias, así que me centraré en lo primero: y como bar no tiene desperdicio:
Por una caña (1 euro y pico,3 la grande, que lleva tapa más grande siguiendo una lógica lógica, y que redunden las redundancias); por una caña, decía, te ponen un platazo de paella, tortilla de patata o alitas de pollo, todo bien aceitoso y de calidad industrial: es decir, privilegiando la cantidad frente a la calidad y los escrúpulos. Y hablo de escrúpulos porque, además de la fauna de obreros, vagabundos y pobretones que poblamos el local, y además del lagartoque, dentro de una botella, decora el bar (el decorador fue un tipo conocido por su familiacomo "El puto loco"), y que yo creo está vivo y espera su momento para hacerse con el poder; además de todo esto, decía que decía (hoy estoy complicado y como tal enredo y tergiverso), el bar está decorado y amenizado por varios insectos que campan a sus anchas: al menos un servidor ha visto moscas (cuyo sabor a caucho no me gusta) y cucarachas (cuyo regusto crujiente me fascina y me remite a la tierna infancia) pululando sobre la paella y la tortilla (no así sobre las alitas de pollo, porque creo que siguen vivas y los insectos son carroñeros pero no carnívoros).
En realidad esto no es grave: quien conoce el bar firma un contrato implícito, por el cual es alimentado abundantemente por muy poco dinero a cambio de dejar los escrúpulos en la puerta. Yo personalmente no tengo ningún problema, y disfruto con las tapas enormes e inagotables servidas por las recias manos de unos camareros muy amables. Unas manos que, espero, están sucias: quien no come la comida servida con las manos sucias no es un hombre; a quien le dan asco los bichos tampoco: ¿es que ya nadie va con sus amigos a cazar jabalíes sabiendo que lo divertido de la caza es que se sabe cuántos van pero no cuántos volverán? ¿Dónde está el espíritu de riesgo, la lucha del campesinado por conservar su estilo de vida, la sobriedad castellana luchando contra el frío y seco clima, el ímpetu heroico de quien se arranca las muelas con unas tenazas? Puede parecer que me voy del tema, pero todo está interconectado: El Boñar de León, con su olor a sudor, sus platos desproporcionados, su ambiente sórdido y acogedor, representa los valores más perdurables de una España forjada con la sangre que derramó la espada del Gran Pelayo.
Y a quien le den asco las cucarachas, que se largue con traidores "exquisitos" como Ferrán Adriá, símbolo de la decadencia de nuestra angosta civilización. Quien tenga escrúpulos sí que da asco.
Además, en el Boñar se pueden vivir escenas inolvidables de confraternización entre seres humanos: el otro día, apaciguaba el hambre comiendo pollo y bebiendo cerveza, rodeado de nobles trabajadores, cuando en la radio sonó "Purple Rain". En el estribillo, todos empezamos a cantar: "parpol rein, parpol rein, a uachi uani uochi porpol rain". Nos miramos y nos sonreimos. Algunos se abrazaron. A mí se me cayó una lágrima, que cayó sobre mi plato matando a un pequeño mosquito que compartía mi plato. Por un momento, creímos en la felicidad. Aquella noche, con tres de ellos, dormí y vomité en un banco de Plaza España, recordando buenos tiempos como aquellos.
Me he puesto nostálgico. Hasta la próxima.
(El bar está aquí)

Fritanga Atraccions

Mi amigo McBride, que antes trabajaba para la Unesco hasta que lo echaron por recomendar la legalización de la cocaína como medio de acabar con la violencia en Colombia y que ahora se gana la vida en el mundo de las importaciones y las exportaciones (ignoro de qué), me envía el siguiente artículo sobre dos de sus bares de cabecera, de poético nombre y sublime antonimia:

Los amigos y los enemigos

En este tiempo presente en que se nos convence que para nuestro paladar menos es más, en el que lo estrambótico en los sabores y unas raciones que nos recuerdan a las elaboradas cuando jugábamos de pequeños a las cocinitas (sí, no miréis a los lados, todos lo hemos hecho con nuestras hermanas y vecinas) han sentado jurisprudencia; un sabor monocorde e intenso a fritanga y hermosas raciones vienen en nuestra ayuda. El bar Los Amigos y su reverso Los Enemigos llevan fomentando las cañas y el mundo de las tapas grasas desde hace decenas años en el Barrio Bilbao, a cinco minutos andando de la parada del metros de Ascao y cerca de la desaparecida Simancas.

(Los Amigos)

Esta pesadilla de Ferrán Adrià y de la 'nouvelle cuisine' (lo pedante no quita lo cortés) se diferencia del resto de bares en que la tapa es continuada y de producción industrial. Me explico. En este lugar, con dos cañas comes, cenas, desayunas y meriendas.

A cada vaso, el camarero saca decenas de raciones de fritos por un ventanuco, que esconde (según rumores) una freidora de 6x6 metros capitaneada por dos rápidos chinos, a pesar de las cadenas que les sujetan al suelo. Así que cada caña va acompañada por raciones de salchichas Frankfurt al toque de tomate, gambas a la gabardina, calamares, queso, croquetillas y demás fritos que te harán olvidar las tostas de queso cabrales con mermelada de fresa que has ingerido en, por ejemplo, un bar chic de la Latina. A medida que se te acaba la comida, te van reponiendo platos, por loquenunca se acaban. Ya que cuando realizas un estoico esfuerzo por acabarte toda la comida, el camarero mira intensamente tu plato vacío y con miguitas, lo repone por otro igual, y el ciclo de la vida vuelve a empezar.


(Las sufridas tapas)

Comida de barrio popular

El ambiente que se vive en estos bares tampoco te dejará indiferente. En su interior se refleja el ambiente de barrio obrero de casas bajas de ladrillo en dónde se sitúa. Hay mucho jaleo y suele estar petado por cuadrillas de amigos. Estaremos de acuerdo en que no es del todo ideal para llevar a una primera cita, pero eso sí, si la llevas, y ella o él se siente tan pancho, ya ha pasado la prueba de "que cojones, así soy yo", y habrás encontrado a la pareja de tu vida.

La decoración y el ambiente siguen el mito de bar popular y de barrio. En 'Los Amigos' las servilletas son rollos de papel higiénico que cuelgan de unas cadenas del techo, y cada vez que dejas propina los dueños tocan una campana que acciona el baile de dos muñecos rastafaris que bailan al son de `Is this love´ de Bob Marley con un canuto en la mano. Los camareros son de una especie en peligro de extinción: madrileños, rondando los cincuenta, con decenas de años tras la barra y que tienen un comentario jocoso para todo lo que se mueva.

(Los enemigos)

En el bar de enfrente, 'Los Enemigos', nadie sabe por qué, hay una enorme foto de un monje presidiendo el local. Éste lleva colgado un artilugio al cuello, que recuerda a los instrumentos de tecnología puntaque nos servían de peques para hacer pompitas. Pero, por raro que parezca, a cada caña te parece más cercana la idea de que ese extraño motivo mitológico-cañi tiene cada vez más sentido en el bar, y que éste se construyó a su alrededor.
Si tienes un amigo vegetariano o con problemas de corazón o más gordo que tonete, ese día no le llames. Su conciencia, en el primer caso, o su salud, en el segundo, te lo agradecerán. Para llegar sólo te tienes que dirigir aquí. Y por la noche, reza para que la santa fritanga deje dormir a tu estomago.

Mcbride

(Artículo dedicado a una olvidada Gamba a la Gabardina)


Pd. Quiero remarcar que la úlcera de estómago de McBride no tiene nada que ver con sus contínuas visitas a este bar.

Para leer la Oda a una Gamba Grácil, que escribí el año pasado en uno de mis viajes por el mundo, pulsa aquí

Multinacional castiza


Está claro que estamos colonizados gastronómicamente, algo increíble dada la calidad de la comida española frente a la anglosajona (sería como comparar la marihuana con el hachís, aunque quizá el símil no sea demasiado acertado).Y eso que yo soy un defensor radical del perrito caliente: a quien esto interese, que busque en una librería pequeña mi ensayo "El perrito caliente en el mundo", del que vendí 8 ejemplares a gente que seguro creía que era un libro sexual. En fin.

El caso es que, ahora que es imposible caminar sin ver un McDonalds o un Pans&Company (que es catalán pero como si fuera americano. Y por cierto, ¿quiénes coño forman la Company de Pans?), quiero reivindicar un grupo madrileño, una multinacional castiza: el Museo del Jamón.Peroquiero reivindicar este lugar, no como bar para comer o tomar unas tapas, sino como lugar donde emborracharse.
En este sentido voy a hablar de un solo Museo del Jamón: el de Gran Vía, muy cerca de Plaza España.

Recuerdo al no iniciado que el Museo del Jamón es un original estableciemiento a la vez bar y charcutería, que nació en 1978, que hay 6 por todo Madrid y que todos ellos exponen en sus paredes un montón de jamones. ¿A alguien le parece buena idea esto de hacer una exposición de jamones? ¿Es que alguien tiene un jamón en su casa y lo expone en una vitrina en su salón? ¿O en vez de eso se lo come? Pues eso. Yo, desde luego, me sentiría ofendido sino fuera porque, y aquí está el dato clave, ¡la caña vale 75 céntimos!



No sé si alguien se da cuenta de lo importante, lo revolucionario de este dato. Echemos la cuenta: una caña a 75 céntimos, 20 cañas a... ¡sólo 15 euros!
Es por eso que el Museo del Jamón de Gran Vía es un sitio perfecto para empezar una fiesta: huele bien, a charcutería (a mi ex yo siempre la regalaba chorizos en vez de flores, porque me parecía que olían mejor y eran más agradables al tacto), es baratísimo, no te puedes sentar y no hay música. Puede que a alguien normal nada de esto le parecerá un aliciente: entonces se ha equivocado de blog.

Lo negativo, paradójicamente, esla tapa: un compendio arbitrario y ruín de trozos - yo diría restos - de embutido. Un cartel avisa: "aunque lo hacemos con mucho gusto, la empresa no está obligada a servir aperitivo". Pues eso: podían ahorrarse el gusto.
Más información en www.museodeljamon.es

NOTA: Mi entusiasmo por el lugar se debe también a motivos sentimentales: mi padre fue charcutero y yo debía seguir con el negocio familiar, antes de cometer el grave, gravísimo error de estudiar Periodismo (decisión que estuvo en la base de mi frustración y alcoholismo nunca superados). Un fuerte abrazo

Un hostal peculiar

Volver a Madrid después de dos años en el extranjero, en cierto modo, es como volver al paraíso (a un paraíso lleno de mierda, eso sí): cañas baratas, buenas tapas, siempre gente por la calle... En fin, no quiero irme por las ramas (el médico me decía que debo centrarme), así que voy al supuesto grano de este blog: hablar de bares.



En este caso, de un hostal que tiene un bar.
Mientras encuentro piso, me alojo en el Hostal del Gato (cuyo verdadero nombre, más cool es Cat's Hostel), cuya página web afirma que"ha sido elegido por los clientes de Hostworld.com, la web más importante sobre albergues, como el mejor albergue del mundo". Y lo cierto es que, para jóvenes (yo no pinto gran cosa aquí, y la verdad es que me miran raro) está muy bien.
El hostal (19 euros la noche) está en el centro (al lado de Antón Martín) y tiene un bar en la planta de abajo (la imagen es de la planta de arriba, donde nunca hay nadie: el que quiera ver la parte que merece la pena, que vaya).
Un bar en el que el cliente se siente libre (y no es obligatorio alojarse en el hostal para entrar): puedes llevarte chorizo y pan y hacerte un bocadillo (esto lo hace gente cutre como yo), puedes fumar, puedes hacer lo que te dé la gana, y todo por un módico precio: 3 euros el mini de cerveza o sangría (algún día hablaré de por qué se llama mini a lo que debería llamarse maxi). Eso sí: elitistas del alcohol, abstenerse: no venden nada más, no hay cubatas.
Por lo demás, el sitio es cómodo (lleno de estos chismes cuadrados para sentarse, que algunos llaman pufs o blufs o algo así) y lleno, lleno de extranjeros que se alojan en el hostal, así que es una buena oportunidad para practicar idiomas o, si no se habla ningún idioma, aislarse del mundo. Además, a partir de la 1 de la mañana, es bastante fácil robar las cervezas de los demás "porque los guiris no se dan cuenta", según dice un amigo mío, E.B., que ha estudiado el tema.Y los sábados te ponen gratis un platito de paella.


Un fallo: la música, siempre la misma, siempre un estridente hip hop que no pega nada con el relajamiento de las gentes del hostal, repantigangados en las sillas, los blufs o el suelo.
Más información en www.catshostel.com. Y el hostal se encuentra aquí
Hala, me voy a beber unos maxis de cerveza, que me tengo que preparar para mi primera semana madrileña. Hasta pronto

Sobre el blog y sobre mí

Mi nombre es Arturo Ribagorza, tengo 33 años y soy ex-periodista y ex-escritor (soy autor dela novela “Más allá del Beefeater”, nunca publicada). Soy, además, para mi bien y para mi mal, ex ex-alcohólico. Tras dos inútiles años pasados en varias clínicas del mundo, regreso ahora a Madrid para, de bar en bar, tratar de recuperar el tiempo perdido, encontrar un trabajo y convertirme, por fin, en un ex-fracasado. Dedico este pequeño blog a aquellos que, como yo, no ven (ni buscan) ningún sentido a su vida. Un fuerte abrazo.