Mi amigo McBride, que antes trabajaba para la Unesco hasta que lo echaron por recomendar la legalización de la cocaína como medio de acabar con la violencia en Colombia y que ahora se gana la vida en el mundo de las importaciones y las exportaciones (ignoro de qué), me envía el siguiente artículo sobre dos de sus bares de cabecera, de poético nombre y sublime antonimia:

Los amigos y los enemigos

En este tiempo presente en que se nos convence que para nuestro paladar menos es más, en el que lo estrambótico en los sabores y unas raciones que nos recuerdan a las elaboradas cuando jugábamos de pequeños a las cocinitas (sí, no miréis a los lados, todos lo hemos hecho con nuestras hermanas y vecinas) han sentado jurisprudencia; un sabor monocorde e intenso a fritanga y hermosas raciones vienen en nuestra ayuda. El bar Los Amigos y su reverso Los Enemigos llevan fomentando las cañas y el mundo de las tapas grasas desde hace decenas años en el Barrio Bilbao, a cinco minutos andando de la parada del metros de Ascao y cerca de la desaparecida Simancas.

(Los Amigos)

Esta pesadilla de Ferrán Adrià y de la 'nouvelle cuisine' (lo pedante no quita lo cortés) se diferencia del resto de bares en que la tapa es continuada y de producción industrial. Me explico. En este lugar, con dos cañas comes, cenas, desayunas y meriendas.

A cada vaso, el camarero saca decenas de raciones de fritos por un ventanuco, que esconde (según rumores) una freidora de 6x6 metros capitaneada por dos rápidos chinos, a pesar de las cadenas que les sujetan al suelo. Así que cada caña va acompañada por raciones de salchichas Frankfurt al toque de tomate, gambas a la gabardina, calamares, queso, croquetillas y demás fritos que te harán olvidar las tostas de queso cabrales con mermelada de fresa que has ingerido en, por ejemplo, un bar chic de la Latina. A medida que se te acaba la comida, te van reponiendo platos, por loquenunca se acaban. Ya que cuando realizas un estoico esfuerzo por acabarte toda la comida, el camarero mira intensamente tu plato vacío y con miguitas, lo repone por otro igual, y el ciclo de la vida vuelve a empezar.


(Las sufridas tapas)

Comida de barrio popular

El ambiente que se vive en estos bares tampoco te dejará indiferente. En su interior se refleja el ambiente de barrio obrero de casas bajas de ladrillo en dónde se sitúa. Hay mucho jaleo y suele estar petado por cuadrillas de amigos. Estaremos de acuerdo en que no es del todo ideal para llevar a una primera cita, pero eso sí, si la llevas, y ella o él se siente tan pancho, ya ha pasado la prueba de "que cojones, así soy yo", y habrás encontrado a la pareja de tu vida.

La decoración y el ambiente siguen el mito de bar popular y de barrio. En 'Los Amigos' las servilletas son rollos de papel higiénico que cuelgan de unas cadenas del techo, y cada vez que dejas propina los dueños tocan una campana que acciona el baile de dos muñecos rastafaris que bailan al son de `Is this love´ de Bob Marley con un canuto en la mano. Los camareros son de una especie en peligro de extinción: madrileños, rondando los cincuenta, con decenas de años tras la barra y que tienen un comentario jocoso para todo lo que se mueva.

(Los enemigos)

En el bar de enfrente, 'Los Enemigos', nadie sabe por qué, hay una enorme foto de un monje presidiendo el local. Éste lleva colgado un artilugio al cuello, que recuerda a los instrumentos de tecnología puntaque nos servían de peques para hacer pompitas. Pero, por raro que parezca, a cada caña te parece más cercana la idea de que ese extraño motivo mitológico-cañi tiene cada vez más sentido en el bar, y que éste se construyó a su alrededor.
Si tienes un amigo vegetariano o con problemas de corazón o más gordo que tonete, ese día no le llames. Su conciencia, en el primer caso, o su salud, en el segundo, te lo agradecerán. Para llegar sólo te tienes que dirigir aquí. Y por la noche, reza para que la santa fritanga deje dormir a tu estomago.

Mcbride

(Artículo dedicado a una olvidada Gamba a la Gabardina)


Pd. Quiero remarcar que la úlcera de estómago de McBride no tiene nada que ver con sus contínuas visitas a este bar.

Para leer la Oda a una Gamba Grácil, que escribí el año pasado en uno de mis viajes por el mundo, pulsa aquí